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Black market drugs offer risky relief for uninsured, low-income Californians

Street venders sell hormones, muscle creams and other remedies at an informal medicine market in the MacArthur Park area of Los
(Aurelia Ventura/La Opinion)
Asequibilidad
The USC Center for Health Journalism Collaborative
September 19, 2019

LOS ANGELES - En lugares conocidos popularmente como “callejones” o en el área de MacArthur Park es fácil encontrar alternativas a los medicamentos con receta.

Los clientes son habitualmente personas que no pueden comprar los medicamentos recetados debido a los altos precios y/o la falta de seguro médico.

En las ventas callejeras es fácil encontrar  analgésicos para el dolor, antiinflamatorios, medicina natural, vitaminas, entre otros.

Comprar medicamentos sin receta puede resultar fácil para muchas personas, dependiendo de sus síntomas. Sin embargo, si no se toman las precauciones necesarias, automedicarse puede resultar peligroso e incluso letal.

La automedicación se define como la selección y el consumo de medicamentos que realiza una persona por iniciativa propia para tratar afecciones o síntomas reconocidos o autodiagnósticos, explica el Centro Nacional de Información Biotecnológica (NCBI).

La Dra. Anjali Mahoney, especialista en medicina familiar de AltaMed en el Condado Orange, opina que nunca es buena idea automedicarse y mucho menos comprar medicamentos en la calle.

“[Los consumidores] no saben qué contiene el medicamento y es mucho peor si lo compran en la calle, ya que no pueden saber si está vencido ni cuáles son sus contenidos”, explicó la Dra. Mahoney. “Pueden estar comprando algo que les puede dañar los riñones, el hígado y, si no hay un médico que recete el medicamento es incluso peor porque no hay un historial”.

Samuel es un vendedor ambulante y dijo que, por lo general, el latino de bajos recursos busca automedicarse sin pensar que a veces sale más caro, ya que la cura a la enfermedad que se busca no siempre funciona.

El hombre de origen centroamericano, que no quiso dar su apellido, dijo que él es muy cauteloso cuando los clientes llegan a su puesto de artículos misceláneos buscando curar enfermedades graves con tan solo una pastilla.

“Yo les digo: ‘vaya mejor a ver a un médico’ y si vienen también con menores de edad, yo le digo: ‘mejor vaya a ver a un pediatra, porque sabe más”, dijo Samuel quien entre sus artículos vende Advil y cremas para dolores musculares. “Yo, por ejemplo, antibióticos no vendo porque esas son cosas delicadas y hay saber para no causar una alergia”.

No obstante, Samuel dijo que conoce de primera mano los exorbitantes gastos que implica ir al médico.

“Un día, un perro me mordió el dedo y fui al doctor. Me tuvieron una hora afuera [en la sala de espera] y tres horas en un cubículo chiquito. Después me dieron tres pastillas, una para el dolor y otras para la infección”, explicó Samuel, aseverando que días después le llegó una factura de alto costo.

Samuel dijo que afortunadamente logró solicitar el plan Medi-Cal —seguro médico del gobierno— que cubrió los gastos. De otro modo, el costo hubiera sido devastador.

Desesperación sin medida

Existen casos donde la necesidad por automedicarse va más allá de curar una enfermedad o algún dolor. Tal es el caso de las personas transgénero quienes, sin considerar los riesgos, han llegado a automedicarse hormonas para llevar adelante su cambio de género.

África Ávila emigró de Morelos, su ciudad natal en México a Estados Unidos hace casi dos años para alejarse de familiares y conocidos que la rechazaban por ser “diferente”.

Ya en Los Ángeles Ávila encontró una infinidad de oportunidades para las mujeres transgénero.

“Empecé a hacer amistades y algunas de ellas eran transgénero y me orientaron”, contó Ávila. “Ellas me dijeron ‘aquí puedes conseguir hormonas, aquí puedes hacerte las cirugías. Aquí puedes hacer todo lo que anhelas sin que te hagan daño’. Entonces así empecé con mi transición”.

Sin embargo, la falta de seguro médico la llevó a optar por comprar hormonas en el mercado negro e inyectárselas sin asesoramiento médico.

“Llevaba como cinco meses aquí [en Los Ángeles] y empecé a consumir hormonas de El Salvador. Fuimos con una amiga, que otra amiga se las conseguía”, contó Ávila.

Poco después se enteró de que las hormonas que se venden “por debajo de la mesa” se pueden conseguir en lugares como “los callejones” y algunas zonas de MacArthur Park.

“Buscas a las personas, te dan el nombre y a veces es difícil encontrarla porque es algo peligroso. Ellos tienen que ver si de verdad vas a buscarlas [las hormonas] o no”, contó Ávila.

“Te cuesta como 17 dólares cada inyección, pero piensa que tienes que ponerte unas dos inyecciones al mes. Ese es un precio bueno, porque a veces una inyección cuesta hasta en 40 dólares”, añadió.

Khloe Ríos, coordinadora de programas transgénero de la organización Bienestar de Long Beach dijo que las hormonas con receta pueden llegar a costar entre 150 y 200 dólares, y que existen clínicas autorizadas a venderlas, pero no aceptan planes de cobertura médica.

Ríos añadió que Ávila fue muy afortunada en no tener ningún efecto secundario al automedicarse ya que en Bienestar ha visto casos de personas que fueron víctimas al comprar o usar medicamentos del mercado negro.

“Hay muchos casos de personas que sufrieron embolias, paros cardiacos a causa de tanta hormona sin supervisión médica”, explicó Ríos. “Hemos hablado con personas que han sufrido daños al riñón por usar el ‘cuerpo amarillo’,  una hormona femenina muy fuerte, y al no estar bajo tratamiento o supervisión médica, las personas no se inyectan la dosis adecuada y eso puede causar daños en  los riñones”.

Ríos aseveró que esta desesperación se debe a que muchas personas transgénero sufren disforia de género, lo que significa que experimentan disgusto, desajuste o malestar en relación con el sexo biológico adquirido al nacer.

Debido a que el tratamiento para el cambio de género puede ser extremadamente caro, algunas personas transgénero optan por otras alternativas.

“Entonces el uso de hormonas, de inyecciones de silicona industrial en el cuerpo, de aceite industrial en el cuerpo, las cirugías estéticas, son todas maneras en que las personas transgénero buscan disminuir la disforia de género”, dijo Ríos.

Sin embargo, cuando estas opciones no se llevan a cabo con supervisión médica aparecen secuelas que en ocasiones pueden ser muy graves.

“Hay personas que pueden morir a causa de las inyecciones de silicona industrial o quizás no mueren en ese momento, pero con los años, sufren estragos en la piel, lo que se llama fibrosis, una afección en los músculos que después se convierte algo peor”, explicó Ríos.

Removiendo medicamentos clandestinos

Erick Aguilar, miembro del equipo del Equipo Encargado de la Aplicación de la Ley del Departamento de Salud  (HALT, por sus siglas en inglés), dijo que no se puede verificar si los medicamentos que se venden en la calle son auténticos ni tampoco las  condiciones en que fueron trasladados.

El equipo HALT tiene como objetivo principal investigar las operaciones dentales sin licencia, los médicos sin licencia y las ventas de productos farmacéuticos ilícitos en el Condado de Los Ángeles.

Aguilar dijo que del 1.º de enero al 30 de junio los agentes de HALT denunciaron 35 casos relacionados con medicamentos ilegales en Los Ángeles.

“Once casos están relacionados con medicamentos que provienen de Latinoamérica con el fin de distribuirse entre personas que buscan alivio para alguna enfermedad”, explicó Aguilar. “De estos 11 casos, ocho son personas que venden en la calle o en sus casas, y solamente tres han sido negocios”.

Aguilar dijo que en lo que va del año no han encontrado medicamentos ilegales dirigidos a la comunidad transgénero.

“Pero tengo idea de que sí los hemos decomisado en el pasado. También aceptamos cualquier denuncia (aunque sea anónima) relacionada con este tipo de medicamentos”, recalcó Aguilar.

Pese a los peligros y las advertencias, una vendedora ambulante del área de MacArthur Park, quien se mantuvo anónima, concordó con otros vendedores que el latino de bajos recursos y sin seguro médico no se puede dar el lujo de ir al médico. 

“Nosotros vendemos vitaminas que son suplementos alimenticios y aquí toda la gente [del área] piensa que una vitamina la va a ayudar”, explicó la vendedora. “Ellos creen que [con la automedicación] se van a curar. Hay gente que no tiene ni tiempo ni dinero suficiente para comprar medicamentos y tampoco tiene Medi-Cal”. 

Búsqueda sin limites

Un vendedor de hormonas para personas transgénero, quien habló bajo anonimato, dijo que no se arrepiente de realizar este trabajo y así ayudar a estas personas.

Dijo que originalmente no había planeado entrar en este negocio, pero ya lleva unos 10 años haciéndolo.

“Empezó como un favor y después logré un beneficio monetario. Y si a eso le agregas la buena reputación que te da cuando consigues lo que te piden, más te ayuda”, dijo el vendedor que quiso identificarse con el nombre ficticio de “Ángel”.

Ángel aseveró que es un poco más fácil obtener los medicamentos en México, aunque el problema es intentar cruzar la frontera. Usualmente les dice a los agentes fronterizos que son para uso personal.

“Por eso yo me dedico a lo que se llama “operación hormiga” —de poco a poco— porque cuando lo haces en grandes cantidades, te descubren”, explicó Ángel.

Ángel dijo que no se siente mal por vender hormonas ya que está ayudando a muchas mujeres transgénero.

“En mi opinión siento que mi trabajo les hace bien a mis amistades. Tenemos recursos limitados y el costo de una hormona puede ser carísimo, y más todavía si no tienes seguro médico”, explicó Ángel.

Ávila dijo que el medicamento estadounidense está “más rebajado” y tiene “más controles” al tener receta médica, en comparación con  los medicamentos de México o de Centro América.

“Mucha gente me pregunta si no me dan miedo los riesgos de tomar medicamentos fuera de las clínicas, como  contraer enfermedades. Pero  mi deseo de convertirme en mujer es tan grande que me  hace olvidar todas las consecuencias”, recordó Ávila, quien hace unos meses conoció la organización Bienestar, donde ha recibido asesoramiento para continuar con su tratamiento de cambio de género de forma segura.  

Si desea obtener más información acerca de la organización Bienestar, visite: http://www.bienestar.org/esp/sobre-nosotros/

 

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About This Series

Este proyecto es resultado de un innovador emprendimiento periodístico —The USC Center for Health Journalism Collaborative— que incluye una variedad de medios informativos de todo el estado de California dedicados a presentar informes conjuntos sobre las personas sin seguro médico que residen en el estado. Entre los medios informativos se incluyen los periódicos de Gannett Co., McClatchy Corp., La Opinión y Southern California News Group, así como también las emisoras Capital Public Radio y Univisión.

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Topics in this Series

  • Asequibilidad
  • Acceso a los cuidados
  • Ampliación de la cobertura
  • Personas indocumentadas y sin Seguro
  • Soluciones legislativas