De la diabetes a diálisis, una progresión que amenaza la vida

Los brazos de Susana Castro se ven deformes y amoratados, con surcos e hinchazones enormes. Es el resultado del tratamiento de diálisis que necesita cada tercer día a raíz de que sus riñones no le funcionan de manera apropiada desde hace 11 años.

La insuficiencia renal viene de la diabetes que esta mexicana sufre desde hace 28 años, que en tiempos recientes también se ha combinado con demencia.

“Ella no puede estar solita”, dice Cristina Castro Paz, su hija, quien la cuida en todo momento, incluyendo las visitas a la clínica de diálisis.

De hecho, hace dos años durante una de estas sesiones de diálisis (que duran tres horas), el enfermero que estaba a cargo no revisó el nivel de azúcar de Castro por dos horas y la mujer de 68 años terminó en la sala de emergencias.

“Ella pasó en coma diabético” por varios días, relató su hija. “No sabíamos si iba a despertar o no”.

Cuenta que su madre fue diagnosticada con la diabetes en su natal Ciudad de México donde se dedicaba a la venta de comida. Pero al ser analfabeta, con bocas que alimentar y sin recursos económicos, simplemente no se cuidaba.

“No se tomaba los medicamentos”, contó.

Primero vino la alta presión, que combinada con la diabetes empezó a minar su función renal.

Un mal común

Es un progreso común para los diabéticos, que representan el 44% de todos los nuevos pacientes con este mal, según la Asociación Americana de la Diabetes.

Pero también es un problema que afecta grandemente a los latinos. Según la Fundación Nacional del Riñón, 14.7% de todos los nuevos casos de insuficiencia renal en 2013 fueron de pacientes hispanos. De hecho, los latinos tienen 1.5 veces mayor riesgo de desarrollar problemas renales que otras etnias.

El Dr. Joseph Wanski, endocrinólogo con L.A. Care, dice que el problema en los riñones se debe a que las nefronas, estructuras que filtran la sangre, ayudan a eliminar los desperdicios del cuerpo y controlar el equilibrio de líquidos, se vuelven duras y se engruesan.

“Esto genera fugas” y dejan pasar proteína a la orina.

“Controlar la diabetes previene la progresión a los riñones”, explica.

Hasta la fecha es lo que ha prevenido que María Gómez sea otra paciente más de diálisis.

La guatemalteca de 57 años tiene diabetes desde hace 20 años.

“Tuve diabetes gestacional y se me quitó.  Diez años después me regresó cuando no me seguí cuidando”, cuenta.

Con el paso del tiempo, “se me rompieron las retinas de mis ojos” y perdió la vista en uno de sus ojos.

“Yo me acosté bien y miraba, y cuando me despertó le digo a mi hijo ‘¿Esta oscuro?’ Y él me dijo ‘no mamá. Hay sol’”, relató.

Ella ve un poco con el ojo izquierdo, pero con el derecho no ve nada.

Gómez se inyecta insulina todas las noches porque su páncreas ya no funciona. La diabetes también le empieza hacer estragos en uno de sus riñones, que solo le funciona al 45% . El otro no está afectado, por el momento.

“Me estaba hinchando porque mi cuerpo retiene líquidos”, dijo.

El problema era que su diabetes estaba fuera de control. Ahora ya la controló, lo que ha minimizado el padecimiento, pero el doctor ya le dijo que en un futuro no muy lejano necesitará diálisis.

Todos nacemos con un 100% de funcionamiento de los riños. Cuando ese funcionamiento cae a 10-15% y “el cuerpo no puede sacar las tóxinas”, es cuando se necesita de diálisis, explicó el Dr. Wanski.

“A los pacientes de diálisis que están suficientemente saludables se les da la oportunidad de tener un trasplante de un familiar, pero a menudo se ofrece a individuos jóvenes que pueden soportar” esta cirugía, dijo el médico.

La gente puede sobrevivir con un riñón.

Aquellos que reciben un trasplante deben tomar drogas para prevenir que el cuerpo rechace el nuevo órgano y necesitan de un sistema sólido de apoyo, tanto médico como familiar.

Todo esto tiene un costo de entre $200,000 y $300,000 dólares. El medicare puede pagarlo, pero no todos tienen acceso a este programa en la comunidad latina debido a su estatus migratorio.

Un estudio publicado por la Asociación Médica Americana en 2008 reveló que los inmigrantes indocumentados donan alrededor de 2.5% de todos los órganos para trasplantes que se dan en un año en Estados Unidos. Sin embargo, reciben menos del 1% de estos trasplantes.

El Medicare de Emergencia (en California Medi-Cal), es la única cobertura disponible para los indocumentados pobres, y no cubre los trasplantes. Pero en California sí incluye el pago por el tratamiento de diálisis.

Es por eso que miles de pacientes latinos (alrededor de 63,000 en California) dependen de los centros de diálisis para su supervivencia.

La diálisis reemplaza algunas de las funciones del riñón y es necesaria para retirar los tóxicos (impurezas o desechos) de la sangre cuando los riñones no pueden hacerlo. Sin embargo, el procedimiento es tardado y peligroso, por lo que algún descuido durante el tratamiento puede generar infecciones u otras complicaciones.

Solamente en el 2014 fallecieron un promedio de 13 pacientes por cada una de las 562 clínicas del estado, según el Sindicato Internacional de Trabajadores de Servicios y su división de Trabajadores Unidos de Cuidado de Salud del Oeste (SEIU-UHW). Una de cada ocho de esas muertes fue debido a infecciones, de acuerdo a reguladores estatales de la salud.

Un esfuerzo para controlar la industria de diálisis

La industria de las clínicas de diálisis ha crecido en poder en este ambiente. Genera ingresos de 2,900 millones de dólares anuales y esta dominada por las empresas DaVita y Fresenius.

Una propuesta en la boleta electoral de noviembre intenta controlar su influencia.

La medida limitaría las ganancias de estas compañías a 15% por encima de lo que destinan al cuidado de pacientes. Si se pasan de esa cifra, las empresas tendrían que reembolsar la diferencia a las aseguradoras y pacientes. Además, requiere más entrenamiento para el personal, educación y consejería para pacientes.

El mes pasado, el Sindicato Internacional de Trabajadores de Servicios y su división de Trabajadores Unidos de Cuidado de Salud del Oeste (SEIU-UHW) presentó 600,000 firmas en apoyo a la medida, que ya fueron certificadas. Eso significa que serán los votantes los que decidan sobre ella en la elección general del 6 de noviembre.

El capítulo de California del Colegio Americano de Médicos de Emergencia (ACEP) se opone a la idea, así como la Asociación Médica de California y la Asociación de Médicos Renales.

Aunque la medida no busca limitar el número de visitas de los pacientes, ACEP argument que la propuesta generará que más pacientes de diálisis terminen en las salas de emergencia.

“Como médicos de emergencia, regularmente tratamos a pacientes de diálisis que terminan en la sala de emergencia debido a citas de diálisis que no atienden o complicaciones por insuficiencia renal”, indicó la Dra. Aimee Moulin, president de ACEP. “Perder una sola cita puede ser fatal para los pacientes de diálisis”.

Ejercicios contra la diabetes

Es viernes por la mañana y alrededor de 25 mujeres y un hombre – todos ellos personas  de la tercera edad – están reunidos en el parque Recreation de la ciudad de San Fernando.

Se estiran, hacen calentamiento y luego empiezan a mover sus pies, brazos y piernas en una sesión de ejercicios de bajo impacto dividida en tres etapas. Música alegre y dinámica sale de parlantes distribuidos a su alrededor.

Esto es el programa gratuito 3 Wins Fitness de la Universidad Estatal de California, Northridge (CSUN) que empezó en 2011 con 20 participantes en un solo lguar y ahora se ha expandido a 16 sitios diferentes alrededor del Valle de San Fernando con cientos de participantes.

“A medida que aumentan las tasas de obesidad y enfermedades relacionadas con esto como la diabetes y los problemas del corazón junto con los alto niveles de inactividad, se vuelve importante proveer programas … particularmente en comunidades necesitadas”, dijo Steven Loy, profesor de kinesiología y consejero del programa.

Valen Sinisgali, el encargado de las clases en el parque y alumno de CSUN, agrega: “Si ellos (los participantes) pierden 5-7% de su grasa corporal, reducen su riesgo de contraer diabetes en un 50%”.

Los ejercicios también ayudan a prevenir otros males asociados con la edad, como la osteoporosis. Mejora el balance y reduce las caídas.

Ana Valadez, una salvadoreña de 75 años, no se pierde ninguna de estas clases.

Hace más de 20 años que le diagnosticaron la diabetes luego de padecer mareos y una sed incesante.

Desde entonces ha tratado de controlar sus niveles de azúcar.

“Sé que con la soda o los plátanos fritos (una de las comidas típicas de su país) se me sube el azúcar”, dice. “Trato de evitarlo”.

También toma una clase de zumba.

“Me la chequeo (el azúcar) todos los días aunque no me sienta mal”, dice. Hasta la fecha se ha mantenido libre de todos los otros males asociados con la diabetes.

Antes de empezar estas clases, dice que le dolía el pie.

“Con estos ejercicios que nos dan ya no me duele”, dijo Valadez.

Para información sobre los lugares donde se ofrecen estas clases gratuitas, visita http://www.3winsfitness.com/

Los reportajes de Francisco Castro sobre la diabetes se realizaron como parte del USC Center for Health Journalism California Fellowship.